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Bienestar digital y salud mental: la mirada de una psicóloga sobre nuestro uso de las pantallas

Desconexión digital: señales de que necesitamos una pausa de las pantallas

Última actualización: 17 Marzo 2026

Vivimos hiperconectados, pero cada vez más cansados

El móvil nos acompaña desde que nos despertamos hasta que nos acostamos; las notificaciones se mezclan con el trabajo, las redes sociales y las conversaciones diarias en una rutina cada vez más hiperconectada.

A menudo tenemos la impresión de que siempre hay algo más que revisar, responder, o mirar. En este contexto, no es extraño que muchas personas se pregunten cómo reducir el tiempo de pantalla o cómo hacer una verdadera desconexión digital.

Este cambio en nuestra relación con las pantallas plantea cada vez más preguntas sobre el bienestar digital y el equilibrio entre vida online y vida fuera de la tecnología. ¿Hasta qué punto estamos realmente conectados… y hasta qué punto empezamos a sentirnos saturados?

Para entender mejor este fenómeno y sus efectos en la vida cotidiana, decidimos abordarlo desde una perspectiva psicológica y hablar con una especialista que trabaja directamente con personas que experimentan este tipo de inquietudes.

La psicóloga general sanitaria y neuropsicóloga Doina Gherta Gavrilita, explica que esta preocupación es cada vez más frecuente:

“En cuanto a la necesidad de desconexión, vivimos en una era profundamente digitalizada que ha transformado nuestros estilos de vida. Este cambio representa un reto constante, tanto a nivel personal como social. En mi entorno laboral —formado mayoritariamente por jóvenes, familias y profesionales— hay una creciente preocupación sobre el uso adecuado de las pantallas, el tiempo de exposición, los efectos en la salud mental y el impacto del contenido digital en nuestras relaciones sociales.”

A partir de esta reflexión, exploramos qué es realmente la desconexión digital, cómo afecta la hiperconectividad a nuestro bienestar y qué señales pueden indicar que necesitamos una pausa.

¿La desconexión digital es realmente una necesidad?

En los últimos años, cada vez más personas hablan de desconexión digital como una forma de recuperar equilibrio en un entorno marcado por la hiperconectividad. Sin embargo, también surgen dudas: ¿es realmente necesario desconectar de la tecnología o se trata simplemente de una tendencia asociada al bienestar y al autocuidado?

El debate no gira tanto en torno a eliminar la tecnología como a comprender cómo nos relacionamos con ella. Según explica la psicóloga Doina Gherta Gavrilita, el punto de partida está en el autoconocimiento y en observar cómo nos afectan nuestros propios hábitos digitales:

“Desde mi perspectiva profesional, considero fundamental el autoconocimiento y la capacidad crítica hacia nuestros propios hábitos. La desconexión digital se vuelve necesaria para aquellas personas que perciben un uso excesivo de las pantallas y experimentan malestar, ya sea porque trabajan todo el día delante de pantallas, ya sea porque dicho consumo no les aporta valor o porque interfiere con sus responsabilidades, actividades o intereses personales. La evidencia científica indica que más que la cantidad de tiempo, lo que verdaderamente importa es el tipo de uso que hacemos de las tecnologías.

tres personas mirando su teléfono sin hablarse en un evento familiar

Lo que parece claro es que la preocupación por el bienestar digital está creciendo. Muchas familias, profesionales y jóvenes empiezan a preguntarse si el ritmo constante de estímulos digitales está afectando su descanso, su capacidad de concentración o su forma de relacionarse con los demás.

Por ello, la desconexión digital debería entenderse como parte de una reflexión más amplia sobre cómo queremos integrar la tecnología en nuestra vida diaria.

Como señala la propia psicóloga:

“En este sentido, más que una moda, la desconexión digital refleja una inquietud creciente por repensar nuestra relación con la tecnología, aunque su necesidad dependerá de cada persona y contexto.”

Cuando la hiperconectividad empieza a pasar factura

El uso constante de dispositivos digitales forma parte de la vida cotidiana. Trabajamos frente a pantallas, nos informamos a través del móvil y utilizamos redes sociales para comunicarnos o entretenernos. Esta presencia continua de estímulos digitales hace que muchas personas se sientan cada vez más saturadas y con dificultad para desconectar mentalmente.

En consulta, este fenómeno se refleja cada vez con más claridad. Como explica la psicóloga Doina Gherta Gavrilita:

“En mi experiencia clínica, he observado un aumento significativo de personas que expresan malestar relacionado con el uso excesivo de redes sociales y la hiperconectividad. Esta preocupación se presenta tanto en jóvenes como en personas adultas, familias y profesionales.”

Uno de los aspectos que más influye en este malestar no es únicamente el tiempo que pasamos frente a las pantallas, sino el tipo de contenidos que consumimos y cómo influyen en nuestra percepción de la realidad.

“Los conflictos no siempre derivan del tiempo de uso, sino también del tipo de consumo y sus consecuencias psicológicas. Un fenómeno frecuente es la comparación constante con los estilos de vida idealizados que se muestran en redes: viajes constantes, cuerpos perfectos, rutinas de ejercicio exigentes o experiencias de consumo inalcanzables.”

“Estas referencias, muchas veces irreales o inalcanzables para todas las clases socioeconómicas, generan expectativas poco realistas y conducen a emociones como frustración, baja autoestima, ansiedad o insatisfacción corporal.”

Además, no hay que olvidar que muchas plataformas digitales están pensadas precisamente para captar y mantener nuestra atención durante el mayor tiempo posible:

“Si bien muchas personas se sienten responsables de su uso excesivo, no podemos obviar que las plataformas están diseñadas para maximizar el tiempo de uso de la plataforma, generando hábitos difíciles de romper.”

Identificar cuándo la hiperconectividad empieza a afectar a nuestro bienestar es, muchas veces, el primer paso para recuperar un equilibrio más saludable.

La sobrecarga digital: por qué nos sentimos mentalmente saturados

Muchas personas describen una sensación difícil de explicar: cansancio mental, dificultad para concentrarse o la impresión de que la mente nunca termina de descansar. Esta fatiga digital suele ir acompañada de una sensación de mente saturada: demasiada información, demasiadas interrupciones y pocas pausas reales para descansar.

La psicóloga Doina Gherta Gavrilita lo explica así:

“Muchas personas llegan con sensaciones de agotamiento, irritabilidad o dificultad para concentrarse, y si bien a veces lo relacionan con el uso de pantallas, en realidad hay factores más amplios en juego: la autoexigencia, el ritmo acelerado del día a día, la necesidad de estar disponibles todo el tiempo o la falta de espacios reales de descanso.

“En mi experiencia, la sobrecarga digital no suele ser el origen del malestar, sino más bien un elemento que lo intensifica o lo mantiene.”

Las pantallas en sí no son el problema. De hecho, pueden ser herramientas útiles, espacios de conexión o incluso una vía de escape. Pero cuando el uso se vuelve automático, sin pausas, y se mezcla constantemente lo laboral con lo personal, el cerebro no tiene margen para desconectar, y eso genera una sensación constante de saturación.

mujer cansada absorbida por su smartphone durante la noche

En este contexto, los síntomas que aparecen no suelen ser nuevos:

“A nivel psicológico, más que ‘nuevos trastornos’, lo que vemos son expresiones actuales de algo que ya conocemos: estrés, ansiedad, dificultades para dormir, fatiga mental.”

Comprender esta dinámica es importante porque permite replantear la idea de la desconexión digital. No se trata necesariamente de eliminar la tecnología, sino de recuperar momentos de pausa que permitan al cerebro descansar del flujo constante de estímulos.

Las señales más habituales de sobrecarga digital

No siempre es fácil darse cuenta de cuándo el uso de las pantallas empieza a afectar a nuestro bienestar. Los hábitos digitales se integran de forma tan natural en la rutina diaria que a veces cuesta distinguir entre un uso normal de la tecnología y una relación que empieza a generar malestar.

Tal como señala la psicóloga Doina Gherta Gavrilita:

“Primero que todo, es importante destacar que no existe una fórmula mágica ni unos consejos cerrados para todos; por eso vuelvo a insistir en el autoconocimiento: saber qué le funciona a cada persona y ser capaz de reconocer cómo se siente.

Entre las señales más habituales se encuentran:

  • Dificultad para concentrarse o sensación constante de estar en alerta
  • Irritabilidad, ansiedad o cambios de humor relacionados con el uso de dispositivos
  • Necesidad constante de revisar el móvil o las redes sociales
  • Dolor de cabeza frecuente, molestias visuales o tensión muscular (sobre todo en cuello y hombros)
  • Descuidar actividades importantes, relaciones personales o intereses que antes resultaban placenteros
  • Comparación constante con otras personas en redes sociales, afectando negativamente la autoestima y el estado de ánimo
  • Que el uso de dispositivos interfiera con el sueño, dificultando conciliarlo o provocando despertares nocturnos para revisar notificaciones

Detectar estas señales no significa necesariamente que exista un problema grave, pero sí puede ser una oportunidad de mejora, como resume la psicóloga:

“Si alguna de estas señales aparece de forma recurrente, puede ser un buen momento para plantearse una pausa digital y explorar nuevas formas de relacionarse con las pantallas.”

¿Qué es la “desintoxicación de dopamina” y qué dice realmente la ciencia?

En los últimos años se ha popularizado en redes sociales y artículos de bienestar el concepto de “desintoxicación de dopamina”, una práctica que promete mejorar la concentración, la motivación o la salud mental mediante la reducción radical de estímulos como las redes sociales, los videojuegos o incluso ciertos tipos de entretenimiento.

Este término se ha popularizado especialmente en contenidos sobre bienestar, productividad y uso de pantallas.

La psicóloga Doina Gherta Gavrilita lo explica de forma clara:

“La ‘desintoxicación de dopamina’ es una práctica pseudocientífica que consiste en abstenerse temporalmente de actividades que generan placer inmediato para ‘reiniciar’ el sistema de recompensa cerebral. Aunque se ha popularizado como método para mejorar concentración y bienestar, su base científica es débil.”

Desde un punto de vista científico, la dopamina es un neurotransmisor clave para funciones vitales y no se ‘acumula’ ni necesita ‘desintoxicación’.”

Lo que sí puede tener un impacto positivo en el bienestar es reducir la exposición constante a estímulos digitales y crear momentos de descanso mental.

“Limitar el uso de pantallas o redes puede ayudar a reducir la sobreestimulación y mejorar la salud mental, pero esto se debe a cambios en hábitos, no a un cambio químico en el cerebro.”

Por eso, más que hablar de “desintoxicación”, muchos especialistas prefieren centrarse en la idea de hábitos digitales más equilibrados y en la importancia de crear espacios sin pantallas en la rutina diaria.

“En resumen, la ‘desintoxicación de dopamina’ es más una herramienta divulgativa para fomentar la conciencia sobre nuestros hábitos digitales que un proceso biológico real.”

Por qué la naturaleza ayuda a desconectar de verdad

Cuando se habla de desconexión digital, muchas personas imaginan simplemente apagar el móvil durante un tiempo. Sin embargo, distintos estudios sobre bienestar señalan que no solo importa reducir el tiempo de pantalla, sino también cómo utilizamos ese tiempo que recuperamos.

En este sentido, el contacto con entornos naturales puede desempeñar un papel importante. Pasar tiempo al aire libre, lejos de estímulos constantes, ayuda a cambiar el ritmo habitual del día a día y facilita un tipo de descanso mental que a menudo resulta difícil de encontrar en contextos urbanos o digitales.

pareja paseando en entorno natural cerca de Rupit en Cataluña

La psicóloga Doina Gherta Gavrilita explica algunos de los beneficios que puede tener esta experiencia:

“Pasar tiempo en la naturaleza sin pantallas aporta beneficios claros para la salud mental. Está demostrado que ayuda a reducir el estrés, mejora el estado de ánimo y favorece una sensación de calma y bienestar general.”

Además del impacto emocional, los entornos naturales favorecen procesos cognitivos:

“También se ha observado que pasar tiempo en entornos naturales mejora la atención y la concentración.”

Al reducirse la cantidad de estímulos simultáneos, resulta más fácil recuperar la sensación de presencia y descanso mental.

“Diversos estudios muestran que las personas que pasan más tiempo en entornos naturales tienden a reportar menos síntomas de ansiedad y depresión. La naturaleza ofrece un espacio de desconexión, presencia y bienestar que muchas veces falta en la vida diaria.”

“En definitiva, no es una solución mágica ni sustituye un acompañamiento profesional cuando se necesita, pero sí puede formar parte de un estilo de vida más equilibrado y consciente.”

Desconectar en familia: menos pantallas, más conexión

El debate sobre el uso de pantallas no afecta solo a adultos. Cada vez más familias se preguntan cómo reducir el uso del móvil o de los dispositivos en casa.

En un entorno donde las pantallas están presentes en casi todos los espacios —trabajo, escuela, ocio—, el tiempo digital empieza a sustituir momentos de conversación, juego o descanso compartido. Recuperar momentos sin dispositivos puede convertirse así en una forma de volver a experiencias más simples: una conversación tranquila, una actividad al aire libre o simplemente tiempo compartido sin distracciones digitales.

La desconexión digital en familia implica crear espacios donde el móvil o las redes sociales no ocupen el centro de la atención. Estos momentos también permiten reforzar los vínculos y favorecer interacciones más directas entre las personas.

Como señala la psicóloga Doina Gherta Gavrilita:

“Además, compartir estos espacios con otras personas —ya sea en familia, con amistades o en actividades comunitarias— favorece la conexión social, mejora la comunicación cara a cara y refuerza el sentido de pertenencia.”

familia jugando a juego de mesa

Este tipo de experiencias también puede ser especialmente valioso para los niños y adolescentes, que crecen en un entorno digitalizado desde edades muy tempranas. Momentos sin pantallas permiten desarrollar la creatividad, fortalecer los vínculos familiares y recuperar formas de ocio que no dependen de dispositivos.

En definitiva, desconectar en familia no consiste tanto en prohibir la tecnología como en equilibrarla con otras actividades que fomenten la presencia, la atención compartida y el tiempo de calidad juntos.

Actividades sencillas que ayudan a reducir el tiempo de pantalla

En la práctica, los especialistas coinciden en que los cambios sostenibles suelen ser progresivos, y una de las estrategias más útiles consiste en sustituir algunos hábitos digitales por actividades que también aporten bienestar.

No se trata de eliminar la tecnología, sino de recuperar espacios donde la atención no esté constantemente dirigida hacia una pantalla. Caminar, leer, practicar deporte, dedicar tiempo a un hobby o simplemente conversar sin interrupciones pueden convertirse en pequeñas pausas que ayudan a reducir el flujo constante de estímulos digitales.

En palabras de la psicóloga Doina Gherta Gavrilita:

“En lugar de buscar soluciones extremas o fórmulas mágicas, es más útil apostar por alternativas respaldadas por la ciencia, como una moderación realista en el tiempo frente a pantallas, la sustitución consciente de hábitos digitales por actividades que también nos aporten (deporte, hobbies, momentos de descanso).”

alguien leyendo un libro en un entorno natural

En este sentido, muchas personas descubren que dedicar tiempo a actividades sencillas —como pasear al aire libre, leer un libro o practicar algún tipo de actividad física— no solo ayuda a reducir el tiempo de pantalla, sino que también mejora la sensación de bienestar y la capacidad de concentración.

El objetivo no es llenar cada momento libre con nuevas actividades, sino recuperar momentos de descanso real. Pequeños cambios en la rutina diaria pueden marcar una diferencia importante a largo plazo.

Cómo empezar una desconexión digital sin culpa

Para muchas personas, uno de los mayores obstáculos al intentar reducir el uso del móvil o de las redes sociales no es la falta de intención, sino la sensación de que desconectar puede tener consecuencias negativas: perderse información importante, no responder a tiempo o sentir que se está fallando a las expectativas de disponibilidad constante.

La psicóloga Doina Gherta Gavrilita lo plantea así:

“Lo primero es entender que descansar de lo digital no es un fracaso ni una renuncia, sino una forma de autocuidado.”

En lugar de aplicar medidas drásticas, suele ser más útil empezar con pequeños gestos cotidianos que reduzcan el tiempo de pantalla de forma gradual y permitan observar cómo responde el cuerpo y la mente cuando disminuyen los estímulos digitales.

“Un buen comienzo puede ser establecer pausas pequeñas y asumibles: por ejemplo, dejar el móvil en otra habitación durante una comida o hacer una caminata corta sin auriculares. Se trata de crear momentos de presencia sin estímulos digitales, no de hacer un cambio radical.”

familia sonriendo comiendo juntos sin distracciones

Con el tiempo, estas prácticas pueden convertirse en hábitos que ayudan a recuperar una relación más equilibrada con la tecnología.

“La desconexión digital no es una obligación ni un reto que haya que cumplir a la perfección: es una práctica personal que se construye poco a poco, con amabilidad y sin culpa.”

Conclusión: desconectar no significa desaparecer

No, hablar de desconexión digital no significa que rechacemos el progreso, ni renunciar a las ventajas de estar conectados. Más bien se trata de replantear cómo utilizamos la tecnología y qué lugar ocupa en nuestra rutina diaria.

A menudo comienza con gestos pequeños: prestar atención a cómo nos sentimos al usar el móvil, introducir pausas en el día o recuperar actividades que nos permiten descansar del flujo constante de estímulos digitales.

Como resume la psicóloga Doina Gherta Gavrilita:

“No se trata de eliminar por completo la tecnología, sino de usarla con más conciencia.”

En definitiva, desconectar no es desaparecer del mundo digital, sino recuperar la capacidad de decidir cuándo queremos estar conectados y cuándo necesitamos un momento de pausa.

Desconectar no es huir. Es recuperar presencia.


Agradecemos a Doina por compartir su experiencia profesional y ayudarnos a entender mejor los retos que plantea nuestra relación actual con las pantallas. Gracias por tu tiempo y colaboración!

Doina Gherta GavrilitaDoina Gherta Gavrilita es psicóloga general sanitaria y neuropsicóloga en Atzavara-Arrels, una entidad social con la que trabaja impulsando proyectos de carácter social, acompañando a las personas desde una mirada integradora.

Su práctica profesional está profundamente marcada por sus compromisos como activista feminista y antirracista, desde donde acompaña a las personas desde una perspectiva social que promueve el cambio y la justicia.

Cree en el poder del autoconocimiento, la conciencia crítica y la transformación social para construir bienestar individual y colectivo. Su objetivo es acompañar procesos que no solo mejoren la salud mental, sino que también contribuyan a un mundo más justo y equitativo.